Sudáfrica tiene una economía de ingresos medios, una economía emergente con importantes fuentes de recursos naturales. Cuenta con sectores de transporte, energía, de telecomunicaciones, legales y financieros bien desarrollados. También cuenta con una bolsa de valores que se sitúa entre las primeras del mundo (la 1ª de África). Y unas modernas infraestructuras con las que se obtiene una eficiente distribución de productos hacia los principales centros urbanos a lo largo de toda la región. La economía sudafricana acapara el 25% del PIB africano. Sin embargo el crecimiento no ha sido suficiente para acabar con la alta tasa de desempleo. Todavía padece ciertos problemas heredados de la etapa de apartheid, sobre todo pobreza y falta de poder económico entre los grupos en desventaja. La política económica sudafricana es fiscalmente conservadora pero pragmática a la hora de hacer frente a la inflación y la liberalización del comercio como medio para aumentar el crecimiento del empleo y los ingresos de los hogares.